Quickie

Tengo ganas de escribir, pero me estoy cayendo del sueño… raro si pienso que me dormí casi 4 horas por la tarde…

La semana estuvo bastante bien. Ya regresamos al ritmo normal sin mundial… la verdad es que sentí las mañanas mas largas cuando no había partidos, pero bueno, tenia que acabarse y nunca he sido tan fanático del futbol. La semana en si no fue tan espectacular hasta donde recuerdo… Casa, trabajo, gimnasio de lunes a jueves…

El viernes… ah, el viernes… inicio de fin de semana. Estuvo realmente bueno. Todo empezó con nuestro cafecito con Lucia, que se acabo transformando en buffet de boquitas orientales y traguitos en este lugarcito llamado Dim Sum Tea House… lo único que lamento de ese día fue haber faltado al gym…

Ayer sábado, luego de trabajar arduamente, me junte con Giovanni y fuimos a Romanos por una pizza y vino… jugamos un buen rato en el P3, comimos rico, hablamos un buen rato y nos tomamos las dos botellitas de vino.

Y así caigo a hoy: me levante algo golpeadito, mas por el desvelo que por el vino; fui al gym, pero solo a hacer cardio… improvisamos una interesante y buena platica a lo largo del primer tiempo de la dichosa final, la cual no vi… y luego donde las colochas. Tristemente, lo que hubiera sido un agradable almuerzo con una chelita termino siendo una intoxicación, al parecer, y Karen acabo realmente mal…

Viniendo para acá, estaba oyendo jazz por Radio Infinita… y de repente me entro esta inexplicablemente intensa gana de llorar. Sé que me sentí ingenuamente mal porque Karen acabara mal, no fue mi culpa que la comida le cayera mal, pero fui yo quien se la llevo… Por otro lado, esa sensación de familiaridad, de súper comodidad, al dejarlas a las dos acostadas y dormidas… hubiera sido perfecta si no hubiera tenido que salir de ahí para venir acá.

Pero como sea, me extraño enormemente lo repentino e intenso de esa sensación. Quería lastimarme en ese momento solo para estimular las lagrimas… pero por mas que lo pensé, que trate de generar el estimulo, no salió nada… no había una necesidad física, era solo el deseo de… llorar. Ahora lo pienso nuevamente y siento que no podría lograrlo, tal vez porque las defensas cínicas están en alerta, tal vez porque no hubo nunca una necesidad real…

Oigo a Beth Gibbons… y siento algo… acido. No sé de que otra forma podría describirlo.

Meh, acá lo dejo. Quiero hacer un análisis de los últimos tres días, y ahorita no tengo el tiempo ni la energía para hacerlo… ya veremos mañana.

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