Adiós Karenin…

Estoy apenas a diez paginas del final y siento que no logro llegar. Como cuando corrí con Debbie la media maratón hace poco mas de un mes… tengo que llegar, se que voy a llegar; pero al mismo tiempo siento que no puedo, que no voy a tener fuerzas…

Hace unos momentos me di cuenta de cuanto puedo extrañar a alguien. El sentimiento llego sigilosamente, me sorprendió; prácticamente me golpeo, por la intensidad y rapidez con la que llego. En ese momento, sentí, creí, que estaba pasando por el momento mas emocional de la tarde, pero resulta que me equivoque… y por mucho. Probablemente mi “extrañeza”, o como se diga, seria un poco mas dulce, o agradable, si no fuera por todo lo demás que se me vino encima.

Esto me dejo ligeramente vulnerable, como cansado, y al avanzar apenas unas paginas mas, me voy a topar con la “machina animata”, y nuevamente siento esa explosión en mi mente: un concepto tan básico, una forma tan interesante y particular de manejarlo, se disparan en mi mente tantas ideas, tantas posibilidades, oigo ecos de mis propios pensamientos y veo otras cosas que no había pensado antes.

Y luego Nietzsche… aparece maravillosamente acá, y saber de él me causa un fuerte deja vù… que se disipa un poco al recordar donde había escuchado ya el dato, pero que de todas formas nunca llega a solidificarse concretamente y sigue estando espectralmente ahí.

Se me viene a la mente esa imagen que casualmente capte con mi cámara hace unas semanas. Me pareció extrañamente simpática cuando la tome, pero ahora pude darle un significado y un sentido bastante profundos, los cuales NECESITO comentar, pero en persona, no de otro modo.

Estoy pensando tantas cosas que no puedo escribirlas. Se me cruzan palabras al intentar ordenarlas y, tanto en mi mente como en el teclado, se entrecruzan y llevo mas tiempo borrando y corrigiendo palabras mal escritas que hilando mis pensamientos. Creo que sin exagerar, estoy escribiendo mal una de cada seis palabras, lo cual me obliga a regresar y reescribir mucho.

Estoy sintiendo tantas cosas que no puedo dejar de sentir dolor. Es como cuando se carga una caja muy pesada o un objeto que es incomodo de agarrar. Como una bolsa de supermercado que se lleva trabada en un dedo: no es que pese tanto, no es tan molesta… pero caminar 15 mts con ella es terriblemente incomodo y el pobre dedo acaba súper adolorido, aunque apenas lleváramos un par de cajas de cereal ahí.

Bloqueo (severo)

Otra vez mi fisiología me traiciona. Empieza el dolor de cabeza, el ojo saltarín, la hinchazón en el pómulo, la presión en la garganta y el revuelo en el estomago… todos gruñen a la vez, todos patean y gritan a un tiempo, tratando de demostrar su inconformidad… o incomodidad. Extrañamente, el corazón esta tranquilo, manteniendo su ritmo como un maratonista veterano, que sabe que no va a lograr nada acelerando el paso en el km 5…. ¿Por que entonces se atribuyen los dolores o padecimientos sentimentales al corazón, si la víscera esta ahí, constante, confiable, imperturbable viviendo a su ritmo?

Pero aun así debo seguir.

Estoy en mi cama, “cómodo”… prácticamente viendo a Karenin también en una cama… nuevamente un acontecimiento que no es real esta dándome una paliza, diciéndome con un tono sarcástico “¿Como que no soy real? ¿Que no soy real decís? ¡a ver si sentís “”real”” esto!” y ¡POW! siento una presión general en toda la cabeza, junto a una explosión justo en los lóbulos parietales y una pequeña punzada en el lóbulo occipital.

No solo mis lagrimas salen por un perro… sino que encima ¡es por un perro de novela!. Pero es un perro que representa 10 años de vida; un perro que me ha enseñado, directa o indirectamente, que ha servido como catalizador, como médium, para comprender cosas que ya sabia que han estado enterradas, guardadas por mucho tiempo.

Este perro viajo por el tiempo, no de la época de la novela a hoy, sino de hace 10 años (casi 11) a hoy. Hace casi 11 años lo conocí, lo vi morir, me hizo sentir muchas cosas y lo bloquee totalmente; porque solo ahora, casi 11 años después, puedo recordar que lo leí, que sentí muchas cosas… que llore… casi como lo estoy haciendo ahora.

Por instantes siento como si no tuviera fuerzas para seguir… pero no puedo parar ahora, apenas a 10 paginas del final… Debo seguir, aunque sea al ritmo de las explosiones en mi cerebro…

“Aquí yace Karenin. Parió dos panecillos y una abeja”

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